Nómadas estelares

«Dos años en esta tierra sin teléfono, sin piscinas, sin mascotas, sin cigarrillos. La libertad suprema…

Es un extremista, un viajero estético cuyo hogar es el camino. Y ahora, después de largos años vagando, llega la gran aventura: La batalla definitiva para matar al ser falso interior y salir victorioso de la revolución espiritual. […] Para evitar que la civilización le intoxique decide huir y adentrarse solo en estos parajes, perdido en la naturaleza salvaje»

Alexander Supertramp (Chris McCandless) , 1992. Into the wild.
Interpretación artística del sistema exoplanetario cuádruple Kepler 64-b. / NASA

Christian McCandless nació en California en el año de la revolución de la contracultura estadounidense: 1968, un adelanto de lo que sería su modo de vida en el futuro. Chris se crió en un barrio de clase media alta de Virginia. Su padre trabajaba en la NASA y su madre ejercía como secretaria de este. Su hermana, Carine, fue siempre su ancla y máxima confidente. Su infancia cruda y repleta de discusiones domésticas le llevaría a desarrollar una actitud escapista. Chris se refugiaba en sus libros para evitar sentir que su existencia no había sido deseada por un padre que había tenido dos hijos en un antiguo matrimonio que continuaba siendo legal en el momento en que Chris y Carine nacieron. La compañía de algunos autores como Jack London y Henry Thoreau le hizo desarrollar un fuerte idealismo, y por ello decidió estudiar Historia y Antropología en la Universidad de Emory (Atlanta). Al finalizar sus estudios, Chris decidió que había llegado el momento de revelarse en contra de la sociedad occidentalizada y alejada de la naturaleza emancipándose de sus padres. Su hermana Carine fue la única persona con quien contó Chris en aquella transición, a la que él mismo denominaba como “su propio nacimiento”. 

Durante dos años nuestro viajero estético recorrió Estados Unidos utilizando el pseudónimo de Alexander Supertramp. A menudo Carine recibía postales de Dakota del Sur, Arizona e incluso México. Postales que nunca revelaban el lugar desde el que Chris había decidido escribir aquellas cartas que narraban cientos de aventuras y pequeños grandes sustos. Para sobrevivir, Chris intercalaba períodos en los que trabajaba casi de cualquier cosa con etapas en absoluta soledad. Tras dos años viajando, Chris consideró que estaba preparado para enfrentarse a su “gran aventura”, Alaska. En abril de 1992 llegó a Fairbanks, en el Territorio del Yukón. Fue la última vez que alguien le vio con vida. 

Chris se había estado preparando -mental y físicamente- para enfrentarse al gran reto de vivir de manera independiente. Sabía que tendría que cazar para sobrevivir. Sin embargo, no contaba con elementos indispensables para vivir en la naturaleza. No tenía mapas de la zona, ni siquiera una brújula. Tampoco habló con gente del territorio del Yukón. Consigo llevaba varios libros, entre ellos uno que relataba las bayas comestibles de la zona en la que se encontraba. Durante meses habitó el “autobús mágico”, un viejo autobús que había sido abandonado y que utilizó como campamento. En su diario, Chris anotaba las presas a las que había conseguido dar caza, entre ellas un alce que no pudo comerse al haberlo ahumado mal, un acontecimiento que él relató como la mayor desgracia de su vida. En su diario, Chris reflejaba los infortunios que había tenido que afrontar durante un total de 113 días. Su estado físico empeoraba cada vez más y se alternaba con reflexiones que dejaban entrever una lucidez con respecto a la vida, la muerte y las relaciones humanas. Llegó a escribir en el margen de una página “la felicidad solo es real cuando es compartida”. 

El 12 de agosto Chris escribió por última vez en su diario. En el margen del libro Educación de un hombre errante podía leerse: “He tenido una vida feliz y doy gracias al Señor. Adiós, bendiciones a todos”.  Unos cazadores encontraron el cuerpo de Chris dentro de su saco de dormir. En aquel momento pesaba tan solo treinta kilos. La causa estimada de su muerte fue inanición. 

Pese a su trágico final, Chris ha sido y seguirá siendo una fuente de inspiración para muchos. El periodista Jon Krakauer publicaba en 1996 Into the wild, la obra biográfica de Chris McCandless donde se recogen tanto anotaciones de su diario como conversaciones con las distintas personas que Chris había conocido en su viaje. En 2008 Sean Penn estrenaba una película homónima cuyo legado cultural ha trascendido hasta día de hoy.

El espíritu rebelde de Christian McCandless nos recuerda a diario “lo importante que es en la vida no necesariamente ser fuerte, sino sentirse fuerte… medir tu capacidad, al menos una vez. Hallarte al menos una vez en el estado mas primitivo del ser humano. Enfrentarte solo a la piedra ciega y sorda, sin nada que te ayude… salvo las manos y la cabeza”.

Este trabajo relaciona la figura de Chris y el hilo narrativo de Into the Wild con la historia de la ciencia exoplanetaria a través del nomadismo como forma de vida.

Banda sonora para el viaje

Nómadas estelares es un proyecto de Lucía Casas Piñeiro y se enmarca dentro de la beca CSIC-FBBVA Comunicación Científica

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